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Olivo
solitario,
lejos
del olivar, junto a la fuente,
olivo
hospitalario
que
das tu sombra a un hombre pensativo
y
a un agua transparente.
al
borde del camino que blanquea,
guarde
tus verdes ramas, viejo olivo,
la
diosa de ojos glaucos, Atenea.
Antonio
Machado.
¿Es posible
concebir Jaén sin asociarla al olivo? El paisaje,
que a los que visitan por primera vez la provincia impresiona
vivamente, queda dominado por las líneas geométricas de cultivos
que no parecen tener fin y que hacen bueno la metáfora del poeta, ese
"mar de olivos".
El
olivo es un árbol oleáceo originario de Oriente, con tronco torcido,
copa ancha y ramosa. Sus hojas son verdes por el haz y blanquecinas por
el envés y su flor es menuda. Se
ramifica a escasa altura y sus ramas tienden a dispersarse. Requiere
mucho sol y rehuye la humedad. El suelo debe ser profundo pero seco.
Árbol
noble, tarda en formarse y llega a ser centenario. Árbol de dos y tres pies, de hoja perenne, ha sido, junto a la vid
y al cereal, una constante de la cultura mediterránea desde los
albores de los tiempos.
En Jaén no siempre
hubo tanto olivo. Su expansión fue lenta hasta mediados del XIX, pero a
partir de ahí se aceleró empujado por las desamortizaciones liberales,
que dieron lugar a una estructura agraria de pequeñas y medianas
propiedades en el Alto Guadalquivir, frente al latifundismo de la
Andalucía Occidental.
El olivo es un árbol
poco exigente. Sus labores son estacionales, no requieren una
dedicación completa y permiten a los agricultores desarrollar otras
actividades: recogida, poda, arado, fumigación...
El enorme tapiz de
olivos ha ocasionado todo un ecosistema en el conviven decenas de
especies animales, algunas de enorme curiosidad, que a los que
visitan por primera vez la provincia no deja de impresionarles, queda
dominado por las líneas geométricas de cultivos que no parecen tener
fin y que hacen bueno la metáfora del poeta, ese "mar de
olivos".
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